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Thursday, May 04, 2006

06-03-05 Eleccion de mi nombre simbólico: Juan José Castelli



A.L.G.D.L.M.U.
Oriente Bs.As.
20 de marzo de 2005
Plancha Titulada:
ELECCIÓN
DE MI NOMBRE
SIMBÓLICO:
JUAN JOSÉ CASTELLI

V. Maestro:
Qeridos
Hnos. Todos:

He aquí mi trabajo de elección del nombre con el que me llamaran en el futuro mis queridos hermanos y con el que me identificaré en parte.

Fue realmente difícil la tarea de elegir el mismo, estaba indeciso entre un sinfín de nombres, pero de lo que si estaba bien seguro, es que ese nombre provendría de un personalidad argentina, no tenia la necesidad de recorrer el mundo ni de viajar grandes distancias en el tiempo para ir a buscarlo, porque para mi es mas que evidente que en la breve pero riquísima historia argentina, existen innumerables personalidades a las cuales podía recurrir.

Mi búsqueda estaba encaminada hacia una identidad con características bien propias, con firme vocación de compromiso y lealtad por sus ideas, que hubiera priorizado los principios básicos de la libertad, por encima de todos los conceptos, y que hubiese sido por sobre todas las cosas desinteresado y austero.

Aun con estas exigencias, me seguían sobrando candidatos, pensé en San Martín y en Belgrano pero pensé que estos nombres eran demasiado resonantes para un modesto y humilde aprendiz como era yo, hasta que al final, opte por el candidato que según mi criterio, si no hubiese tenido tan poca suerte y un final tan desgraciado como el que tuvo, hubiese hasta podido ser reconocido junto a San Martín y a Belgrano, como uno de los “padres nuestra patria”, y es justamente el primo de este ultimo quien elegí yo, es Juan José Castelli sobre quien recae la elección de mi nombre simbólico.

Estoy convencido de que no existe ningún otro prócer de la historia argentina, que fuera tan poco reconocido, que haya sido tan olvidado y con el que hayamos sido tan ingratos e injustos como lo fuimos con Juan José Castelli; “la voz”, de la revolución de mayo, llamado así por haberse destacado como “el máximo orador” de la semana patria.

Si bien nuestro pueblo se ha caracterizado muchas veces por su ingratitud crónica, basada fundamentalmente en su falta de memoria y reconocimiento; y que casi todos los verdaderos próceres de nuestra independencia murieron enterrados en la pobreza y en el olvido, para algunos de ellos como San Martín y Belgrano, los mas importantes, por suerte les llego la hora de su reconocimiento “tarde”, muchos años después de su muerte pero por lo menos les llego, para Juan José Castelli en cambio ese reconocimiento no le llegará nunca.

Aunque resulta sumamente “injusto”, medir el nivel de importancia de un prócer, por el número de calles, avenidas, plazas o pueblos que llevan su nombre, el nivel de ingratitud que el pueblo argentino tiene para la figura de Juan José Castelli llega a tal nivel, que resulta hasta “difícil” conseguir material sobre su vida en bibliotecas, y ni hablemos de internet, donde su presencia pasa casi inadvertida, a no ser por la obra del escritor Andrés Rivera donde lo concibió como protagonista de su elocuente libro titulado “La revolución es un sueño eterno”, editorial Alfaguara, 1995.

Este protagonista de nuestra historia, nació en Buenos Aires el 19 de Julio de 1764. Fue hijo de un médico veneciano, Ángel Castelli Salomón y de una criolla, María Josefa Villarino y González de Islas

Estudió filosofía en el Real Colegio de San Carlos y en el Colegio Montserrat de Córdoba. Se recibió de abogado en la Universidad de Charcas en 1778 y allí conoció los ideales de la Revolución francesa.

Era primo y amigo personal de Manuel Belgrano quien lo designó como suplente de la secretaría del Consulado en 1796 y tres años mas tarde fue designado como regidor del cabildo.

Estaba casado con María Rosa Lynch, con quien tuvo seis hijos.

En 1801 fue cofundador de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica, trabajo como periodista, difundió sus ideales en las publicaciones de la época, como el Telégrafo Mercantil y el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio.

Los comienzos del siglo XIX ponían ya de relieve las polémicas políticas originadas en la situación europea, y Castelli se adhirió a lo que en aquellos días se denominaba “la corriente carlotista”, siendo uno de los firmantes de la memoria redactada por Manuel Belgrano que apoyaba los derechos de la infanta Carlota Joaquina al trono de Buenos Aires y que son considerados como el antecedente mas fiel de nuestra independencia.

Los Lideres de la corriente Carlotista” fueron enjuiciados por Santiago de Liniers y Juan José Castelli asumió su defensa. Su estrategia en este caso sirvió como fundamento posterior para sostener la posición patriota del Cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810, por eso podemos decir que Castelli entre otras cosas también fue el abogado de la patria.

Tan protagónico fue el papel de Castelli en los sucesos de mayo que fue comisionado para intimar al Virrey Cisneros a que cesara en su cargo.

A partir de entonces lo llamarán "el orador de la revolución", y aparecerá decididamente enrolado en el partido morenista, que encarnaba, para algunos autores la versión local de un jacobinismo nacionalista e hispanoamericano.

Su pertenencia a esa corriente quedó ratificada en su actuación como vocal de la Junta de Mayo, y en su apoyo incondicional a las medidas propuestas por el Secretario de la Junta, Mariano Moreno, al punto de convertirse en el ejecutor fiel de las directivas más “drásticas” emanadas de aquél, tales como el fusilamiento de Liniers y sus seguidores en Córdoba quienes estaban alzando una “contrarrevolución”.

Designado representante de la Junta en el Ejército Expedicionario al Alto Perú, comandado por Antonio González Balcarce, Castelli alcanzó durante el desarrollo de esta campaña militar los ribetes más destacados de su actuación revolucionaria. Después de un breve encontronazo desfavorable en Cotagaita, el ejército patriota alcanza su primer y gran victoria en la batalla de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810, en pocas semanas toda la región minera de Potosí estaba en manos de los patriotas.

Como representante de la junta en el Alto Perú impone un gobierno revolucionario liberando a los indios de los servicios personales y de la esclavitud; proyectó la reorganización de la Casa de Moneda de Potosí; planeó la reforma de la Universidad de Charcas; y propuso conceder el derecho a voto a los indígenas.

Estas medidas revolucionarias y los encendidos discursos de Castelli en cada pueblo y aldea a la que arribaba el ejército patriota, convocando, a la indiada a sumarse a la Revolución, le granjearon la hostilidad de los hacendados y propietarios mineros alto peruanos, legendarios explotadores de la mano de obra indígena.

Castelli pacta una tregua con los realistas que éstos no respetan y sorprenden traicioneramente a las fuerzas criollas derrotándolas en Huaqui (20/06/1811). A su arribo a Buenos Aires el Triunvirato lo procesa y encarcela.

Todo sería entonces, para Castelli, amargura y decepción. El jacobino nacionalista, el patriota emancipador de indios y esclavos, el tribuno de Mayo, el gran orador, deberá enfrentar los progresos acelerados del cáncer de lengua, ya identificado por los médicos que lo asisten. Al mismo tiempo, las autoridades porteñas, atrapadas por los mezquinos intereses localistas que veían con desconfianza la proyección de la Revolución más allá del Puerto, aprovechan la oportunidad. Hacen responsable a Castelli del desastre de Huaqui, por lo que es separado de su cargo y desterrado. En diciembre de 1811 se le inició el proceso sumario de enjuiciamiento de Juan José Castelli conocido como “Proceso de Desaguadero”.

Preso en una escuela mientras es juzgado, Castelli inspira en el narrador argentino Andrés Rivera un libro que lo hará merecedor del Premio Nacional de Literatura de1992, llamado “La revolución es un sueño eterno”, obra de la cual transcribo las siguientes líneas en donde Castelli da cuenta de su padecimiento:

" Escribo: un tumor me pudre la lengua. Y el tumor que la pudre me asesina con la perversa lentitud de un verdugo de pesadilla.

¿Yo escribí eso, aquí en Buenos Aires, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche?

Y ahora escribo: me llamaron – ¿importa cuando? – el orador de la Revolución.

Escribo: mi boca no ríe. La podredumbre prohibe a mi boca, la risa.

Yo , Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?"

El proceso a Castelli fue prolongado. Los jueces no llegaron a pronunciarse. Murió antes, derrotado por el cáncer de lengua, el 12 de octubre de 1812.

Castelli estaba decepcionado; sus últimas palabras fueron "si ves al futuro dile que no venga".

La desgracia que padeció a su fin Juan José Castelli; como la que padecieron también Manuel Belgrano y Mariano Moreno, fue también la desgracia que padeció la Argentina, se imaginan la historia de nuestro país si estos próceres no terminaran como terminaron, y hubiesen podido continuar con su obra???, no hubiésemos tenido que soportar guerras civiles, tiranías y ni tendríamos que haber esperado hasta 1853 para tener una constitución.

En Buenos Aires, el impulso inicial de la Revolución de mayo se estaba deteniendo, comerciantes y hacendados porteños pugnaban por contener el proceso desencadenado en Mayo de 1810 en los estrechos límites de sus mezquinos intereses. Pero el 8 de octubre, días antes de la muerte de Castelli, la pequeña aldea fue conmovida por la revolución que derrocó al Primer Triunvirato. Con la revolución del 8 de octubre de 1812 emergía un movimiento, encabezado por el teniente coronel José de San Martín, orientado a retomar la senda de la emancipación hispanoamericana. La Revolución, "ese sueño eterno", se desvanecía, sólo para renacer, tenazmente, una y otra vez.

ES TODO VENERABLE MAESTRO

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